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| LA TALABARTERÍA Y TAPICERÍA J. GUAJARDO |
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Mi abuelo Jesús fue el quinto hijo de una tradicional familia de Monclova, que vivió en la parte alta de la calle Morelos, muy joven entró a trabajar a los Almacenes del Norte, allí se desempeñaba en varios oficios, principalmente en la talabartería, hacía frecuentes viajes en la región a los puntos de distribución de esa empresa, en 1928, lo envían a atender las ventas en Espinazo, era la época del Niño Fidencio, allí se casa con Panchita Leija, jovencita a quien había conocido tiempo atrás, en sus viajes de ventas, en Zaragoza, Coah.
El célebre coreógrafo monclovense Raúl Flores Canelo, me contaba sobre las raíces monclovenses en que abrevaban sus obras, decía que de sus recuerdos de infancia evocaba las largas noches en los ranchos con su papá don Teódulo, escuchando la voz grave de don Chuy Guajardo cantando a la luz de las fogatas.
En su tierra, busca establecer su propio taller en un propiedad de la calle Hidalgo, con la ayuda de su primogénito Pepe y su amigo Jorge Villarreal, Choche, inicia su negocio de talabartería que se especializa en la fabricación de enseres para el trabajo de campo: monturas tipo muzqueño, guarniciones, chaparreras, y fundas para rifle, pistola y navajas; dando además servicio de la tapicería de muebles del hogar y de coches, aquí nace el taller en donde aprendieron los maestros tapiceros que hubo en nuestra ciudad.
Recuerdo en mi lejana infancia como cantábamos el corrido del caballo blanco, él con su potente voz yo, el primogénito de su primogénito, heredero de su nombre cantaba con voz de pollo.
Para 1961 don Chuy cayó en una enfermedad terminal, por lo que la Talabartería pasa a manos de su primogénito Pepe, con el apoyo de su hermana Marola, quien hacía las veces de secretaria con su papá, en esta época se desarrolló más el servicio a las necesidades muy específicas de AHMSA, apoyándose en los antiguos compañeros de don Chuy, Alejandro Alarcón y Guadalupe Serrato; el tercer giro lo era el de algunas fabricaciones de equipo de seguridad para el creciente Altos Hornos; la Talabartería y Tapicería J. Guajardo, un negocio familiar que crecía al ritmo de Monclova.
Desde 1961, Pepe Guajardo envolvió a la talabartería con su sello personal, de ser un talabartero muy creativo, pasó a ser un empresario muy dinámico. No había en Monclova, rincón en que no se le conociera, no había rancho sin un amigo; Pepe era el padrino favorito de bodas, primeras comuniones y bautizos, por lo que llegó a ser el compadre de medio Monclova y mejor amigo de la otra mitad, a Pepe le gustaba regalar sonrisas, dar consejos, hacer favores, obsequiar cinturones, billeteras y cortes de pelo a los niños greñudos; Pepe era Charro y siempre bienvenido en las pláticas del café, del taller, de la oficina, la peluquería y hasta de la cantina, aunque nunca bebió copa de alcohol.
En 1971, una sombra envolvió a la familia y al negocio, Monclova vivía unos lluviosos días de feria, y fue azotada ferozmente por varios días por el huracán Fern, en una noche se derrumbaron un docenas de casonas de adobe debilitadas por la lluvia, el primer cuarto de la talabartería se colapsó sepultando a una de las personas más carismáticas que ha conocido Monclova: Pepe Guajardo.
Desde entonces, la talabartería ha sido dirigida por Juan Hermilo, mi tío, y han estado encargadas de la atención a los fieles clientes mi mamá doña Herlinda quien es acompañada cada día por mi tía Marola y su esposo, el jefe de Taller, mi tío José Javier Riojas.
Ojalá que las talabarterías nunca cierren sus puertas, pues representan la historia viva de un tiempo lejano, formando parte del cromatismo de los pueblos de nuestro país.
Fue en mi infancia, jugando sobre las mesas de la talabartería, jugando con sobrantes de vaqueta, jugando a recortar con filosas cuchillas, grabando y tejiendo, cuando me despertó el interés por la creación plástica, mi pasión por el trabajo artesanal como pintor, así, jugando, jugando. Esta es una breve semblanza de un espacio de trabajo de esos que ya casi no existen en este siglo XXI, en el que la calidad se mide por la buena atención y satisfacción del cliente.
Cuando la gente me pregunta por referencias personales, no muestro mi credencial de elector, no aludo al Museo o a mi pintura, me aferro a mis raíces y sin dudar respondo:
Soy de la talabartería Guajardo.
Jesús Guajardo |
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